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Cinco recetas sencillas construidas sobre lo que de verdad está de temporada en marzo.
Cocinar en marzo cae en un hueco incómodo. Las raíces de invierno han pasado su mejor momento, el producto de verano todavía no ha llegado y las primeras hojas tiernas apenas asoman. Es un buen momento para cambiar lo que va al plato, no porque tu cuerpo necesite ayuda para eliminar nada (el hígado y los riñones se ocupan de eso a todas horas, cada día del año) sino porque comer de temporada es sencillamente más interesante.
Estas cinco recetas se apoyan en las primeras hojas verdes, en los últimos cítricos de invierno y en una cucharada de polvo de moringa: una hoja seca entera que aporta vitaminas A y C, calcio, hierro, fibra y los nueve aminoácidos esenciales, en un formato que se mezcla con casi todo.
1. Batido verde de moringa
1 ración · 5 minutos
El de cada día. El plátano endulza y el limón levanta la nota verde para que el conjunto sepa fresco en lugar de herbáceo.
- 1 puñado grande de espinacas
- 1 plátano maduro, mejor congelado
- 1 taza de bebida de almendra
- 1 cucharada de polvo de moringa
- Zumo de ½ limón
Tritura primero las espinacas con la bebida de almendra hasta que quede completamente liso, añade luego el plátano, la moringa y el limón y vuelve a triturar. Triturar las hojas por separado al principio es lo que evita una textura fibrosa.
2. Ensalada supergreen de moringa
2 raciones · 10 minutos
La moringa va en el aliño y no sobre las hojas: espolvoreada en seco se queda encima y sabe a polvo.
- 4 tazas de mezcla de col rizada, rúcula y espinacas
- ½ pepino en rodajas
- 1 taza de tomates cherry por la mitad
- 1 aguacate en láminas
- Aliño: 2 cucharadas de tahini, zumo de 1 limón, 1 cucharada de aceite de oliva, 1 cucharadita de polvo de moringa, 1 diente de ajo pequeño rallado, 2–3 cucharadas de agua, sal
Bate los ingredientes del aliño añadiendo el agua cucharada a cucharada hasta que fluya. Masajea primero la col rizada con un poco de aliño y déjala reposar cinco minutos: ablanda la hoja de forma notable. Después mézclalo todo.
3. Sopa de verduras de primavera con moringa
4 raciones · 30 minutos
Lo bastante ligera para una noche templada de marzo, con jengibre calentando en lugar de raíces pesadas.
- 1 cucharada de aceite de oliva
- 1 cebolla en dados
- 2 dientes de ajo picados
- 1 cucharada de jengibre fresco rallado
- 2 zanahorias, 2 ramas de apio y 1 calabacín, troceados
- 4 tazas de caldo de verduras
- 1 cucharada de polvo de moringa
- Zumo de ½ limón, sal y pimienta
Pocha la cebolla, el ajo y el jengibre en el aceite hasta que desprendan aroma. Añade las verduras troceadas y el caldo y cuece 15–20 minutos hasta que estén tiernas. Retira la olla del fuego y solo entonces incorpora el polvo de moringa y el zumo de limón: añadir la moringa lejos del hervor mantiene el color vivo y el sabor suave. Salpimenta y sirve.
4. Bol de batido de moringa y frutos rojos
1 ración · 10 minutos
Más espeso que una bebida, así que pide cuchara y aguanta los toppings. Los frutos rojos lo vuelven morado intenso en lugar de verde, lo que en el desayuno suele convencer más.
- 1 taza de frutos rojos congelados
- 1 plátano congelado
- 1 puñado de espinacas
- 1 cucharada de polvo de moringa
- ¼ de taza de bebida de almendra (añadir poco a poco)
- Toppings: fruta en láminas, granola, pipas de calabaza, coco en escamas
Tritura todo con el mínimo líquido que aguante la batidora; un empujador ayuda. Vierte en un bol frío y añade los toppings enseguida, antes de que se ablande.
5. Infusión de moringa de noche con limón y miel
1 ración · 5 minutos
La hoja de moringa no contiene cafeína de forma natural, y por eso una taza funciona igual de bien a las nueve de la noche que a las nueve de la mañana.
- 1 bolsita de moringa o 1 cucharadita de hoja suelta
- 1 taza de agua a unos 90 °C (justo antes del hervor)
- Un chorrito de limón y un hilo de miel
Deja reposar 3–5 minutos. Más de cinco no la hace más fuerte, solo más astringente. Añade el limón después del reposo y no antes: el ácido en el agua durante la infusión apaga el sabor.
Por dónde empezar
No necesitas las cinco. Elige la que encaje en la comida que ya haces con más constancia y mantenla unas semanas antes de añadir nada más. Los hábitos que caben en una rutina existente duran más que los que exigen una nueva.
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