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Cuatro recetas para entrar en calor durante los meses fríos, y la técnica que mantiene la moringa verde en lugar de amarga.
El frío reescribe la forma en que cocinamos. Las ensaladas dejan paso a las sopas y el café frío a algo humeante. Es también la época del año en que el cajón de las verduras se queda corto, y justo entonces una cucharada de polvo de moringa se gana su sitio: es una hoja seca entera, no un extracto, y se disuelve en casi cualquier cosa caliente.
Primero, una nota sobre cocinar con moringa
La hoja de moringa sabe verde y suavemente picante: piensa en un matcha más suave, o en el punto sabroso de una hoja de espinaca fresca, sin el amargor terroso que muchos esperan. Dos cosas protegen ese sabor:
- Añádela fuera del hervor fuerte. Incorpora la moringa cuando el líquido apenas hierva a fuego lento, o después de retirar el cazo del fuego. Un hervor prolongado apaga tanto el color como el sabor.
- Mantén una dosis honesta. Una cucharadita por cada dos raciones es la medida justa en una receta dulce; hasta una cucharada funciona en platos salados donde el ajo, el queso o la pimienta la sostienen.
Como referencia, la moringa de Miracle Tree es hoja de origen único de Sri Lanka: recogida a mano, secada al sol y molida, sin nada extraído y sin nada añadido. Una ración de 4 g (dos cucharaditas) aporta el 10 % del valor diario de hierro y de calcio, además de fibra y proteína vegetal.
Chocolate caliente con moringa
Para 2 · Unos 10 minutos
El cacao y la moringa son socios naturales: el amargor tostado del cacao se posa sobre la nota verde de la moringa y la redondea por completo. Casi nadie nota que está ahí.
Ingredientes
- 2 cucharadas de cacao en polvo sin azúcar
- 2 cucharadas de sirope de arce
- 1 cucharadita de polvo de moringa
- 2 tazas de bebida vegetal
- ½ cucharadita de extracto de vainilla
- ¼ de taza de nata montada
- Minimalvaviscos (opcional)
Preparación
Calienta la bebida vegetal en un cazo hasta que humee sin llegar a hervir. Bate el cacao, el sirope y la moringa hasta que quede completamente liso: aquí unas varillas pequeñas ganan a la cuchara, porque el cacao forma grumos. Retira del fuego e incorpora la vainilla. Sirve, corona con nata montada y decora con malvaviscos.
Conviene saber: el cacao aporta hierro y magnesio por sí mismo, y la moringa suma calcio, hierro y antioxidantes como la clorofila y el betacaroteno.
Palitos esponjosos de calabacín y moringa
Para 4 como guarnición · 15 minutos de preparación + 20–25 minutos de horno
Un palito con poca harina y mucho queso que sale del horno moteado de verde. Las hierbas importan: la albahaca y el perifollo son lo que impide que esto sepa a "pan sano".
Ingredientes
- 1 calabacín mediano, picado
- ½ taza de mozzarella rallada
- ½ taza de parmesano rallado
- ⅓ de taza de cheddar amarillo rallado
- 1 huevo
- ¼ de taza de albahaca fresca picada
- ¼ de taza de perifollo fresco picado
- 1 cucharadita de polvo de moringa
- 1 diente de ajo picado
- Sal al gusto
- ½ cucharadita de pimienta
Preparación
Precalienta el horno a 220 °C. Tritura el calabacín en el procesador hasta que quede muy fino y escúrrelo apretándolo en un paño limpio: el calabacín mojado es la diferencia entre un palito y una tortita. Mezcla los tres quesos en un bol, añade el huevo, las hierbas, la moringa, el ajo, la sal y la pimienta, e incorpora después el calabacín. Extiende la mezcla de forma uniforme sobre una bandeja con papel de horno y hornea 20–25 minutos, hasta que los bordes estén dorados. Corta en palitos y sirve con tu salsa favorita.
Conviene saber: el calabacín y la moringa aportan vitamina A y vitamina C; el queso y el huevo ponen la proteína y el calcio.
Sopa caliente de brócoli y moringa
Para 3–4 · Unos 30 minutos
Una receta de invierno reconfortante, tan sabrosa como nutritiva. Es la receta en la que la moringa desaparece por completo al fondo: hablan el cheddar y el caldo.
Ingredientes
- 3 cucharadas de mantequilla
- 1 cebolla amarilla mediana, picada
- 2 ramas de apio en rodajas
- 2 tazas de caldo de pollo o de verduras
- 1 cucharadita de polvo de moringa
- Sal al gusto
- Pimienta negra molida
- 1 brócoli grande, en ramilletes
- 1 zanahoria en rodajas
- 2 ½ tazas de cheddar rallado
- Baguette, para servir
Preparación
Derrite la mantequilla en una cazuela grande a fuego medio. Añade la cebolla y el apio y cocina hasta que estén tiernos, unos 5 minutos. Vierte el caldo, salpimenta y lleva a un hervor suave. Incorpora el polvo de moringa. Añade el brócoli y la zanahoria y cuece 10–12 minutos, hasta que estén tiernos. Baja el fuego antes de añadir el cheddar puñado a puñado: hervir el queso en la sopa la vuelve granulosa. Sirve con baguette.
Conviene saber: el brócoli, la zanahoria y la moringa aportan cada uno vitamina A y vitamina C; el queso añade calcio y proteína.
Galletas nevadas de avena y moringa
Salen unas 36 galletas · 20 minutos de preparación + 10–15 minutos de horno
La canela, la nuez moscada y las pasas dan a la moringa dónde esconderse, lo que convierte estas galletas en la forma más fácil de convencer a una casa escéptica.
Ingredientes
- 1 taza de mantequilla con sal, a temperatura ambiente
- 1 taza de azúcar moreno
- ½ taza más 2 cucharadas de miel
- 2 huevos
- 1 cucharada de extracto de vainilla
- 1 cucharadita de polvo de moringa
- 1 ½ tazas de harina de trigo
- 1 cucharadita de bicarbonato
- 1 cucharadita de canela molida
- ½ cucharadita de nuez moscada rallada
- 1 ½ tazas de pasas
- 3 tazas de copos de avena
Preparación
Precalienta el horno a 175 °C y engrasa dos bandejas. Bate la mantequilla, añade el azúcar moreno y la miel y bate hasta que la mezcla quede cremosa. Incorpora los huevos de uno en uno y después la vainilla. En un segundo bol, mezcla la harina, el bicarbonato, la canela, la nuez moscada y el polvo de moringa: tamizar la moringa con los ingredientes secos evita las vetas verdes. Une las dos mezclas, añade las pasas y por último la avena. Reparte cucharadas sobre las bandejas y hornea 10–15 minutos, hasta que los bordes se doren. Deja enfriar unos minutos en la bandeja antes de moverlas. Guarda en un recipiente hermético.
Conviene saber: la avena aporta fibra; la moringa suma hierro, calcio y los nueve aminoácidos esenciales.
Convertirlo en un hábito
Las recetas anteriores son un placer ocasional. Si quieres moringa en tu semana con más regularidad, lo más sencillo es una taza diaria: descubre nuestras infusiones ecológicas de moringa o lee nuestra guía de la infusión de moringa para tiempos de reposo y notas de sabor.
Tu seguridad nos importa y te animamos a seguir buenas prácticas de manipulación de alimentos. Consulta nuestra página de seguridad alimentaria antes de reproducir cualquiera de nuestras recetas.