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Existe una versión de la crema de calabaza que sabe a agua naranja templada, y otra que sabe a otoño. La diferencia está casi por completo en dos decisiones: qué calabaza compras y si la asas. Esta es la segunda versión, con moringa incorporada al final para dar color, una nota verde y terrosa y un aporte nutricional realmente útil.
Empieza por la calabaza correcta
La razón más habitual por la que decepciona una crema de calabaza casera es que se ha usado una calabaza de talla. Esas variedades están seleccionadas por tamaño y por tener el interior hueco, no por sabor: la pulpa es fibrosa y acuosa. Pide en su lugar una calabaza cacahuete (butternut), una kabocha o una calabaza violín. Las tres son densas, dulces y bajas en agua, y cualquiera de ellas dará mejor resultado que la mejor calabaza de talla.
Fuera de temporada, una lata de unos 425 g de puré de calabaza sin azúcar funciona muy bien. Sáltate el asado, reduce el caldo a la mitad y ve directamente al sofrito.
Receta: crema de calabaza especiada con moringa
4 raciones · Preparación 15 minutos · Cocción 50 minutos
Ingredientes
- 1 calabaza pequeña butternut o kabocha (unos 900 g), pelada, sin semillas y cortada en dados de 2,5 cm
- 2 cucharadas de aceite de oliva, repartidas
- 1 cebolla, picada
- 2 dientes de ajo, picados
- 1 cucharadita de comino molido
- 1/2 cucharadita de canela molida
- Una pizca de nuez moscada recién rallada
- 750 ml a 1 l de caldo de verduras
- 1 cucharada de polvo de moringa Miracle Tree
- Sal y pimienta negra, al gusto
- 1 cucharadita de vinagre de manzana o zumo de limón, para rematar
- Toppings opcionales: pipas de calabaza tostadas, un hilo de crema de coco, perejil picado
Elaboración
- Asa la calabaza. Calienta el horno a 200 °C. Mezcla los dados con 1 cucharada del aceite y una buena pizca de sal, extiéndelos en una bandeja en una sola capa y ásalos 25–30 minutos hasta que los bordes estén dorados y caramelizados. No amontones la bandeja: los dados apretados se cuecen al vapor en vez de asarse, y pierdes exactamente el sabor que buscabas. Este paso es lo que separa las dos versiones de esta crema.
- Construye la base. Calienta el aceite restante en una olla grande a fuego medio. Añade la cebolla con una pizca de sal y cocínala 6–8 minutos hasta que esté blanda y translúcida, más tiempo del que parece necesario. Añade el ajo y cocina un minuto más.
- Despierta las especias. Incorpora el comino, la canela y la nuez moscada y cocina 30–60 segundos, hasta que huelan. Las especias molidas son liposolubles; un momento en aceite caliente libera mucho más aroma que añadirlas al líquido.
- Cuece a fuego lento. Añade la calabaza asada y 750 ml de caldo. Lleva a ebullición, baja el fuego y cuece suavemente 10 minutos para que todo se integre.
- Tritura. Retira la olla del fuego y deja templar unos minutos. Tritura con batidora de mano hasta que quede completamente fina, o hazlo por tandas en una batidora de vaso: en ese caso retira el tapón central de la tapa y cubre el hueco con un paño doblado, o la presión del vapor levantará la tapa. Añade más caldo hasta la textura que quieras.
- Añade la moringa fuera del fuego. Bate el polvo de moringa en la crema ya triturada, con la olla fuera del fuego. Esto importa: hervirla de forma prolongada apaga tanto el color como el sabor de la hoja de moringa, y convierte un verde brillante en un oliva plano. Añadida al final, conserva su color y su filo fresco y herbáceo.
- Sazona y remata. Sala con generosidad, muele bastante pimienta negra y luego incorpora el vinagre o el limón. Ese ácido es el último 10 %: las cremas dulces de calabaza saben turbias sin él y nítidas con él. Prueba, ajusta, sirve.
Adelantar y conservar
- Nevera: hasta 4 días en un recipiente hermético. El sabor mejora de un día para otro.
- Congelador: hasta 3 meses. Congélala plana en bolsas. Si piensas congelarla, deja fuera la crema de coco y añádela al recalentar: las grasas lácteas y de coco pueden cortarse al descongelar.
- Recalentado: suave y a fuego bajo, no a hervor fuerte, otra vez para proteger el color de la moringa.
Qué hay en el plato
Aquí hay dos ingredientes haciendo trabajo nutricional real además del sabor. La calabaza y las calabazas de invierno están entre las fuentes alimentarias más densas de betacaroteno, el pigmento naranja que tu cuerpo convierte en vitamina A, y como es liposoluble, el aceite de oliva de esta receta te ayuda a absorberlo. La hoja de moringa aporta 47 compuestos antioxidantes, 25 vitaminas y minerales y los nueve aminoácidos esenciales, además de vitamina C, calcio y hierro.
Una cucharada de moringa repartida entre cuatro platos no es una dosis de suplemento; es un condimento que resulta ser denso en nutrientes. Esa es la forma honesta de plantearlo, y también la razón por la que tiene sentido ponerlo en comida que ibas a comer de todas formas.
De dónde viene nuestra moringa
Nuestra hoja se cultiva en granjas ecológicas de Sri Lanka, se recolecta a mano y se seca a la sombra en lugar de con calor forzado: el método más lento, y la razón de que el polvo quede verde y el sabor fresco en vez de a heno. Es USDA Organic y sin OGM, y es la misma hoja que va a nuestras infusiones de moringa.
Sírvela con pan crujiente una noche fría y el otoño no te pedirá mucho más.
Estas afirmaciones no han sido evaluadas por la Food and Drug Administration de Estados Unidos. Este producto no está destinado a diagnosticar, tratar, curar ni prevenir ninguna enfermedad.
Consulta siempre a un profesional sanitario antes de modificar tu alimentación, especialmente si estás embarazada, en período de lactancia o en tratamiento por alguna afección médica.