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Tres recetas sencillas con moringa construidas sobre lo que de verdad aparece en el mercado en primavera, además de cómo acertar con el sabor.
Cocinar en primavera tiene menos que ver con empezar de cero que con cambiar ingredientes. Las raíces pesadas y las calabazas del invierno dejan paso a las espinacas, los espárragos, los guisantes, los rábanos y las primeras fresas, y la comida que va con una tarde templada es más ligera, más verde y más rápida de hacer. La moringa encaja limpiamente en ese cambio: es una hoja, sabe a verde y añadirla lleva unos diez segundos.
Qué aporta realmente la moringa al plato
Moringa oleifera es un árbol de crecimiento rápido originario de las estribaciones del Himalaya y hoy cultivado por todos los trópicos. Nosotros usamos la hoja: secada entera para nuestros tés de hierbas y molida fina para nuestro polvo superalimento.
Los análisis publicados de hoja de moringa seca varían con la cosecha, el clima y el método de secado, así que lee cualquier cifra aislada como una estimación y no como una promesa. A grandes rasgos, una ración de 10 g de polvo de hoja —unas dos cucharaditas colmadas— aporta unos pocos gramos de proteína vegetal y de fibra alimentaria junto con cantidades medibles de calcio, potasio, hierro, vitamina C y el betacaroteno que el cuerpo convierte en vitamina A. Es un alimento y se comporta como tal: una contribución útil a una dieta variada, no un sustituto de ella.
Acertar con el sabor
Esta es la parte que la mayoría de las recetas se salta. El polvo de hoja de moringa es realmente verde: herbáceo y ligeramente picante, más cerca de la espinaca cruda o la rúcula que del matcha, con un leve filo de rábano picante en el final. La moringa pertenece al mismo orden botánico que la mostaza y el berro, y por eso exactamente. No amarga a menos que la recalientes.
Tres reglas hacen que desaparezca dentro del plato en vez de quedarse encima:
- Combínala con grasa. El aguacate, el yogur, la crema de frutos secos, el aceite de oliva y la leche de coco redondean todos el filo herbáceo.
- Combínala con acidez o dulzor. Limón, lima, frutos rojos y plátano la suavizan. Los cítricos funcionan especialmente bien.
- Añádela fuera del fuego. Remover el polvo en algo que ya hierve apaga el color y empuja el sabor hacia las verduras guisadas. Incorpórala al final.
1. Batido verde de primavera
Para 1. Unos 5 minutos.
- 1 puñado grande (unas 1½ tazas, sin apretar) de espinaca baby
- 1 plátano maduro, congelado en trozos
- 2 cucharaditas de polvo de moringa ecológico Miracle Tree
- 1 cucharada de crema de almendra, o medio aguacate pequeño
- El zumo de medio limón
- ¾ de taza de leche de almendra, o la leche que prefieras
Tritura primero la espinaca con la leche, hasta que no queden motas, y añade después todo lo demás y bate otros 30 segundos. El plátano congelado hace dos trabajos: espesa la bebida y la mantiene lo bastante fría como para que la moringa siga viva y herbácea en vez de volverse turbia. La crema de almendra no es opcional si la moringa te resulta nueva: es lo que mantiene el final redondo en lugar de afilado.
2. Ensalada de quinoa con moringa y limón
Para 2 como plato principal, 4 como guarnición. Unos 20 minutos.
- ¾ de taza de quinoa, bien enjuagada bajo agua fría
- 1 pepino, partido a lo largo, sin semillas y en rodajas
- 1 pimiento amarillo, en dados
- 1 taza de tomates cherry, partidos por la mitad
- Un manojito de perejil de hoja plana y menta, picados en grueso
- 3 cucharadas de aceite de oliva virgen extra
- El zumo y la ralladura de 1 limón
- 1 cucharadita de polvo de moringa ecológico Miracle Tree
- Sal marina y pimienta negra
Cuece la quinoa a fuego suave en el doble de su volumen de agua durante 12-15 minutos, escúrrela y extiéndela en una bandeja para que se enfríe: la quinoa caliente mustia las hierbas y apaga el aliño. Enjuagar el grano primero importa aquí: la capa natural de saponinas de la quinoa es amarga, y la propia nota verde de la moringa no tiene dónde esconderse frente a ella.
Bate el aceite, el zumo y la ralladura de limón y el polvo de moringa hasta que el aliño emulsione y quede uniformemente verde, salpimenta y mézclalo con la quinoa fría, las verduras y las hierbas. Aguanta dos días en la nevera, y el sabor se asienta de un día para otro.
3. Una taza de té de moringa bien preparada
Para 1. Unos 5 minutos.
Nuestras mezclas Original y Lemon son las que conviene sacar cuando cambia el tiempo. Ambas son sin cafeína, igual que todas nuestras mezclas de hierbas salvo Green Tea y Earl Grey, que contienen cantidades pequeñas.
- Usa agua recién retirada del hervor, alrededor de 95 °C. La hoja de moringa no necesita un hervor vivo y sabe a guisado si lo recibe.
- Deja infusionar de 3 a 5 minutos. Más tiempo no es más fuerte, solo más astringente.
- Para té frío, prepáralo a doble concentración y viértelo directamente sobre un vaso lleno de hielo, así la dilución cae donde quieres.
- Una rodaja de limón o unas hojas de menta machacadas le van bien a la mezcla base. La miel le sienta mejor que el azúcar.
La taza es de un verde dorado suave, y el sabor es delicado y apenas dulce: más cerca de un buen té verde que de nada herbal ni medicinal.
Unas palabras sobre el origen
Cada hoja de estas recetas es ecológica certificada por el USDA y cultivada sin pesticidas ni herbicidas de síntesis, y después secada, molida y envasada en unas instalaciones certificadas conforme a las normas GMP e ISO 22000. La moringa es un árbol tolerante a la sequía que da cosecha varias veces al año en tierras donde muchísimos cultivos no arraigarían siquiera, y esa es buena parte del motivo por el que construimos toda una despensa alrededor de una sola hoja.
Cocina con la temporada, mantén el sabor honesto y deja que un buen ingrediente sea un buen ingrediente.
Estas afirmaciones no han sido evaluadas por la Food and Drug Administration de EE. UU. Estos productos no están destinados a diagnosticar, tratar, curar ni prevenir ninguna enfermedad. Consulta a un profesional sanitario colegiado antes de empezar cualquier suplemento o programa alimentario nuevo.